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Hace muchos siglos, cuando los mexicas llegaron al valle de México, buscaban un lugar donde establecer su ciudad. Siguiendo la profecía de su dios Huitzilopochtli, encontraron una isla en medio de un lago, donde vieron un águila posada sobre un nopal, devorando una serpiente. Allí fundaron Tenochtitlan, la gran ciudad de los mexicas. Pero Tenochtitlan no estaba sola en el lago. Al noreste, se alzaba otra ciudad, más antigua y misteriosa: Teotihuacan, la ciudad de los dioses. Los mexicas admiraban y temían a Teotihuacan, pues creían que allí habían nacido los soles y las lunas, y que sus pirámides guardaban el poder de los dioses. Entre las maravillas de Teotihuacan, había una que llamaba especialmente la atención de los mexicas: el Templo de Quetzalcóatl, el dios de la serpiente emplumada. El templo era una gran pirámide decorada con esculturas de serpientes emplumadas y quimeras, que representaban la dualidad entre el cielo y la tierra, el agua y el fuego, la vida y la muerte. Los mexicas creían que el Templo de Quetzalcóatl era el centro del mundo, y que la serpiente emplumada que lo adornaba era la espina dorsal del universo, que conectaba todos los niveles de la existencia. También pensaban que la serpiente emplumada era la protectora de Tenochtitlan, y que su espina dorsal se extendía desde Teotihuacan hasta la isla de los mexicas, formando una línea invisible que les daba fuerza y vitalidad. Así, los mexicas construyeron su ciudad siguiendo la orientación de la serpiente emplumada, y le rindieron culto en el Templo Mayor, donde levantaron una imagen de Quetzalcóatl junto a la de Huitzilopochtli. También trazaron una calzada que unía Tenochtitlan con Teotihuacan, para facilitar el comercio y la peregrinación. Gracias a la bendición de la serpiente emplumada, Tenochtitlan prosperó y se convirtió en la capital de un gran imperio, que dominó a muchos pueblos de Mesoamérica. Los mexicas resistieron a las guerras, las plagas y las sequías, confiando en el poder de Quetzalcóatl y su espina dorsal. Pero todo cambió cuando llegaron los españoles, encabezados por Hernán Cortés. Los españoles traían consigo armas de fuego, caballos y enfermedades desconocidas, que diezmaron a los mexicas. También traían una sed de oro y de conquista, que los llevó a atacar Tenochtitlan. Los mexicas se defendieron con valor, pero no pudieron evitar el asedio y el hambre que los debilitaron. Además, los españoles contaron con la ayuda de algunos pueblos indígenas, que odiaban a los mexicas por sus tributos y sacrificios. Entre ellos, estaban los tlaxcaltecas, que fueron los primeros aliados de Cortés. Los tlaxcaltecas conocían el secreto de la serpiente emplumada, y se lo revelaron a los españoles. Les dijeron que si destruían el Templo de Quetzalcóatl en Teotihuacan, romperían la espina dorsal del universo, y con ella, la resistencia de los mexicas. Los españoles no dudaron en seguir el consejo, y enviaron un grupo de soldados a Teotihuacan. Los soldados llegaron al Templo de Quetzalcóatl, y lo asaltaron con furia. Arrancaron las esculturas de las serpientes emplumadas, y las arrojaron al suelo. Prendieron fuego al templo, y lo redujeron a cenizas. Al hacerlo, sintieron un gran estruendo, como si el mundo se estremeciera. En ese momento, en Tenochtitlan, los mexicas sintieron un dolor agudo en la espalda, como si les clavaran mil cuchillos. Cayó una lluvia de sangre del cielo, y el lago se tiñó de rojo. Los mexicas supieron que la serpiente emplumada había sido profanada, y que su espina dorsal había sido rota. Sin el amparo de Quetzalcóatl, los mexicas perdieron la esperanza y la voluntad de luchar. Los españoles aprovecharon la ocasión, y lanzaron el asalto final a la ciudad. Tras una feroz batalla, tomaron el Templo Mayor, y capturaron al último tlatoani, Cuauhtémoc. Así cayó Tenochtitlan, la gran ciudad de los mexicas, el 13 de agosto de 1521. Los españoles destruyeron la ciudad, y construyeron sobre sus ruinas la nueva capital de la Nueva España: la Ciudad de México. Pero bajo las piedras, quedaron los restos de la serpiente emplumada, esperando el día en que volvería a unir su espina dorsal, y a restaurar el equilibrio del mundo.

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 El Templo de Quetzalcóatl es el centro del mundo y la serpiente emplumada la espina dorsal del universo
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Soneto IV - 5 sonetos a la Serpiente Emplumada la espina dorsal del universo, en el Templo de Quetzalcóatl, el centro del mundo.
 
Soneto II - Quetzalcóatl crea al hombre con el maíz y el agua. Sonetos.
 
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Soneto I - 5 sonetos a la Serpiente Emplumada la espina dorsal del universo, en el Templo de Quetzalcóatl, el centro del mundo.
 
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