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Hace mucho tiempo, en la antigua Mesoamérica, vivía un pueblo llamado los toltecas, que eran famosos por su sabiduría y su arte. Ellos adoraban a varios dioses, pero el más importante era Quetzalcóatl, el dios de la serpiente emplumada, que les había enseñado todo lo que sabían. Quetzalcóatl era un dios bondadoso y generoso, que amaba a los seres humanos como a sus hijos. Él les había dado el maíz y el agua, los elementos esenciales para la vida, y les había mostrado cómo cultivar la tierra y construir ciudades. También les había revelado los secretos del calendario, la astronomía, la escritura y las matemáticas. Gracias a él, los toltecas se convirtieron en una gran civilización. Pero no todos los dioses estaban contentos con la obra de Quetzalcóatl. Su hermano Tezcatlipoca, el dios de la noche y el engaño, sentía celos y envidia de él, y quería destruir lo que había creado. Así que ideó un plan para engañar a Quetzalcóatl y hacerlo caer en desgracia. Un día, Tezcatlipoca se disfrazó de un anciano y se acercó a Quetzalcóatl, que estaba en su templo. Le ofreció una bebida que dijo que era un regalo de los dioses, pero que en realidad era pulque, una bebida alcohólica que Quetzalcóatl desconocía. Quetzalcóatl, confiado, aceptó el obsequio y bebió el pulque, sin saber los efectos que tendría. Pronto, Quetzalcóatl se sintió mareado y confundido, y perdió el control de sus acciones. Tezcatlipoca aprovechó la situación y lo incitó a cometer actos vergonzosos, como romper sus votos de castidad y sacrificar a sus propios sacerdotes. Quetzalcóatl, borracho, no se dio cuenta de lo que hacía, y siguió las indicaciones de Tezcatlipoca. Al día siguiente, Quetzalcóatl despertó y se horrorizó al ver lo que había hecho. Se sintió culpable y avergonzado, y pensó que había ofendido a los dioses y a los hombres. Entonces, decidió abandonar su reino y exiliarse. Construyó una balsa de serpientes y se dirigió al mar, hacia el oriente, donde se decía que estaba el paraíso. Antes de partir, Quetzalcóatl prometió a su pueblo que volvería algún día, cuando fuera el momento adecuado, y que traería consigo una nueva era de paz y prosperidad. Los toltecas lo despidieron con tristeza y esperanza, y le juraron lealtad eterna. Pero Quetzalcóatl nunca regresó. Su balsa se perdió en el horizonte, y nadie supo más de él. Los toltecas lo esperaron durante siglos, pero en vano. Mientras tanto, su civilización entró en decadencia, y fue invadida por otros pueblos, como los mexicas, que también adoptaron el culto a Quetzalcóatl. Así termina la leyenda de Quetzalcóatl, el dios de la serpiente emplumada, que simboliza la sabiduría y la civilización, el dios de la cultura elevada, que enseñó el arte y la escritura a su nación, el dios que creó al hombre con el maíz y el agua, el dios que amó al hombre con el sol y la luna, el dios que se marchó por el mar hacia el oriente, el dios que prometió volver algún día con su gente, el dios que no volvió a salvar a su pueblo del poniente.

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 La leyenda de Quetzalcóatl
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La leyenda de Quetzalcóatl
 
El Templo de Quetzalcóatl es el centro del mundo y la serpiente emplumada la espina dorsal del universo
 
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Soneto III - Quetzalcóatl crea al hombre con el maíz y el agua. Sonetos.
 
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