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La última noche en Tenochtitlan fue una noche de terror y de lucha. Los invasores, que habían llegado del mar con armas de fuego y cruces, habían sitiado la ciudad y pretendían someterla a su voluntad. Los aztecas, que habían resistido valientemente durante meses, se preparaban para defender su hogar y su fe hasta el último aliento. En el templo mayor, el nuevo sacerdote mayor, que había sucedido al asesinado, realizaba los ritos necesarios para invocar la protección de los dioses. Con el cuchillo de obsidiana, abría el pecho de los cautivos y extraía sus corazones palpitantes, que ofrecía al fuego sagrado. Luego, pronunciaba los nombres de las deidades que regían los trece cielos: - Ometéotl, el dios supremo, creador de todo lo que existe. - Tezcatlipoca, el dios del espejo humeante, señor de la noche y la magia. - Quetzalcóatl, el dios de la serpiente emplumada, señor de la sabiduría y la civilización. - Tláloc, el dios de la lluvia y el rayo, señor de la fertilidad y la agricultura. - Chalchiuhtlicue, la diosa de las aguas terrestres, señora de los lagos y los ríos. - Tonatiuh, el dios del sol, señor del movimiento y la guerra. - Metztli, la diosa de la luna, señora de los ciclos y las mareas. - Ehecatl, el dios del viento, señor de la respiración y la vida. - Mictlantecuhtli, el dios de la muerte, señor del inframundo y los muertos. - Mictecacihuatl, la diosa de la muerte, señora del inframundo y los muertos. - Xipe Tótec, el dios de la piel desollada, señor de la primavera y la renovación. - Xochipilli, el dios de las flores, señor del amor y la belleza. - Xochiquetzal, la diosa de las flores, señora del amor y la belleza. El sacerdote mayor esperaba que los dioses escucharan sus plegarias y les dieran la fuerza y el valor necesarios para enfrentar a los invasores. Pero también sabía que los dioses eran caprichosos y exigentes, y que podían castigar a los hombres por sus faltas y pecados. En el palacio del tlatoani, el nuevo gobernante, que había sucedido al asesinado, se reunía con sus generales y consejeros para planear la estrategia de combate. Sabía que los invasores eran más numerosos y mejor armados, pero también sabía que los aztecas eran más valientes y leales. Contaba con el apoyo de sus aliados, los pueblos de Tlacopan y Texcoco, que habían formado la Triple Alianza con Tenochtitlan. También contaba con el espíritu de sus antepasados, que habían fundado la ciudad sobre el lago, siguiendo la profecía del águila y la serpiente. El tlatoani esperaba que los hombres cumplieran con su deber y defendieran su honor y su libertad. Pero también sabía que los hombres eran débiles y temerosos, y que podían traicionar a su pueblo por codicia o miedo. En las calles de Tenochtitlan, el pueblo se armaba con lo que podía: flechas, lanzas, macanas, piedras, antorchas. Algunos se refugiaban en sus casas, otros se unían a los guerreros, otros se dirigían a los templos. Todos sabían que esa noche sería decisiva, que esa noche se jugarían el destino de su ciudad y de su cultura. El pueblo esperaba que los invasores se retiraran o fueran derrotados, que los aztecas triunfaran o murieran con dignidad. Pero también sabía que los invasores eran crueles y despiadados, y que los aztecas sufrirían y llorarían. La última noche en Tenochtitlan fue una noche de sangre y de fuego. Los invasores atacaron con furia, los aztecas resistieron con coraje. Los gritos, los disparos, los golpes, los lamentos, se mezclaron en un caos infernal. La ciudad de los dioses se convirtió en la ciudad de los muertos. La última noche en Tenochtitlan fue una noche de misterio y de leyenda. Los dioses observaron desde los cielos, los hombres lucharon en la tierra. Los sueños, las profecías, los milagros, los prodigios, se manifestaron en un drama épico. La ciudad de los guerreros se convirtió en la ciudad de la historia.

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 La última noche en Tenochtitlan II
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El Templo de Quetzalcóatl es el centro del mundo y la serpiente emplumada la espina dorsal del universo
 
Soneto II - 5 sonetos a la Serpiente Emplumada la espina dorsal del universo, en el Templo de Quetzalcóatl, el centro del mundo.
 
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