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Hace mucho tiempo, los aztecas vivían en armonía con la naturaleza y los dioses. Su principal alimento era el maíz, el cual consideraban un regalo sagrado de Ometéotl, el dios supremo. El maíz era tan importante para ellos, que lo llamaban "el sustento de la vida". Pero un día, llegaron unos hombres blancos del otro lado del mar, que traían consigo armas de fuego, caballos y cruces. Estos hombres eran codiciosos y violentos, y querían conquistar las tierras y las riquezas de los aztecas. También querían imponer su religión y su cultura, y destruir todo lo que los aztecas veneraban. Los aztecas se resistieron con valentía, pero no pudieron detener el avance de los invasores. Muchos murieron en las batallas, otros fueron capturados y esclavizados, y otros huyeron a las montañas y a los bosques. Los invasores quemaron los templos, saquearon las ciudades y profanaron los campos de maíz. Los dioses, al ver el sufrimiento de su pueblo, se enojaron mucho y decidieron castigar a los invasores y a los traidores que se habían aliado con ellos. Los dioses enviaron terremotos, sequías, plagas y enfermedades, que causaron estragos entre los hombres blancos y sus aliados. Pero los dioses también tuvieron compasión de los aztecas que habían permanecido fieles a su fe y a su tradición. Los dioses les revelaron una profecía, que decía así: "Cuando el sol se ponga por última vez, y la luna se tiña de sangre, el fin del mundo llegará. El que camina detrás de la fila, el señor del maíz, se levantará de la tierra y destruirá a los enemigos de su pueblo. El maíz se volverá rojo como la sangre, y los niños del maíz serán los elegidos para sobrevivir al cataclismo. Ellos deberán refugiarse en los campos sagrados, y esperar la señal de los dioses. Entonces, un nuevo sol nacerá, y un nuevo mundo comenzará. Los niños del maíz serán los encargados de repoblar la tierra, y de restaurar el orden y la armonía. Ellos serán los hijos de Ometéotl, y el maíz será su sustento de la vida". Los aztecas que escucharon la profecía se llenaron de esperanza y de temor. No sabían cuándo ocurriría el fin del mundo, pero sabían que debían prepararse para ese día. Así que se dedicaron a cultivar el maíz con más devoción que nunca, y a enseñar a sus hijos los secretos de la planta sagrada. También les contaron la profecía, y les dijeron que ellos eran los niños del maíz, los elegidos por los dioses. Pasaron muchos años, y los invasores siguieron dominando las tierras de los aztecas. Pero un día, el sol se puso por última vez, y la luna se tiñó de sangre. El fin del mundo había llegado. El que camina detrás de la fila, el señor del maíz, se levantó de la tierra y destruyó a los enemigos de su pueblo. El maíz se volvió rojo como la sangre, y los niños del maíz fueron los únicos que sobrevivieron al cataclismo. Ellos se refugiaron en los campos sagrados, y esperaron la señal de los dioses. Entonces, un nuevo sol nació, y un nuevo mundo comenzó. Los niños del maíz fueron los encargados de repoblar la tierra, y de restaurar el orden y la armonía. Ellos fueron los hijos de Ometéotl, y el maíz fue su sustento de la vida.

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 Los hijos de Ometéotl y la profecía de los niños del maíz
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